Cuando los mercados libres no maximizan el bienestar de la sociedad, se dice que “fallan” y puede ser necesaria una intervención política para corregirlos. Muchos economistas han descrito el cambio climático como un ejemplo de falla del mercado, aunque en realidad se han identificado una serie de fallas de mercado distintas.

El núcleo es la llamada ‘externalidad del gas de efecto invernadero’. Las emisiones de gases de efecto invernadero son un efecto secundario de las actividades económicamente valiosas. La mayoría de los impactos de las emisiones no recaen en quienes realizan las actividades, sino que recaen en las generaciones futuras o las personas que viven en los países en desarrollo, por lo que los responsables de las emisiones no pagan el costo. Los efectos adversos de los gases de efecto invernadero son, por lo tanto, “externos” al mercado, lo que significa que, por lo general, solo hay un incentivo ético más que económico para que las empresas y los consumidores reduzcan sus emisiones. Como resultado, el mercado fracasa por la sobreproducción de gases de efecto invernadero.

Los economistas preocupados por esta falla del mercado argumentan a favor de la intervención política para aumentar el precio de las actividades que emiten gases de efecto invernadero, proporcionando así una señal clara para guiar la toma de decisiones económicas al mismo tiempo que estimulan la innovación de tecnologías bajas en carbono. Para garantizar que los recortes de emisiones se extiendan por la economía lo más económicamente posible, los economistas tienden a favorecer políticas que garanticen que todas las empresas y hogares tengan el mismo precio sobre el carbono, como un impuesto a las emisiones o un esquema de comercio de emisiones.

La externalidad de los gases de efecto invernadero va acompañada de una serie de otras fallas del mercado, incluidas las derivadas de la falta de información sobre cómo reducir las emisiones, los efectos de red y la falta de incentivos a la innovación. Estos requieren un paquete de intervenciones que incluye, pero no se limita a, un precio sobre el carbono, según los economistas preocupados por el cambio climático.

Por ejemplo, es probable que las nuevas redes sean importantes en varias áreas de suministro de energía baja en carbono, como la red eléctrica “inteligente” y los puntos de recarga de vehículos eléctricos. Pero tales redes pueden ser difíciles de establecer solo a través de las fuerzas del mercado, porque en los primeros días de una red los beneficios pueden ser muy limitados, a pesar de los beneficios potencialmente enormes que se pueden lograr una vez que la red alcanza una masa crítica. Tome los vehículos eléctricos: son inconvenientes si los puntos de carga son pocos y distantes entre sí, pero mucho más útiles una vez que se establece una gran red de puntos de carga. (Este es un ejemplo de un tipo positivo de externalidad: cuando una red aumenta de tamaño, todos los miembros de la red se benefician, aunque no hayan pagado este beneficio.) Como resultado, a veces es necesario el apoyo de políticas para ayudar a patear -comienza redes útiles.

En el caso de la innovación, los mercados actualmente no ofrecen suficientes incentivos para el desarrollo de tecnologías bajas en carbono. Una idea innovadora que puede copiarse o usarse sin ningún pago financiero para su inventor puede no materializarse en primer lugar, ya que hay pocos incentivos para invertir en el desarrollo de la idea. Las intervenciones normativas, como los subsidios a la I + D, pueden ayudar a superar esta barrera.